Crisis de ausencia: qué es el trastorno neurológico que puede afectar a cualquiera
Las crisis de ausencia, también llamadas ausencias epilépticas o petit mal, son episodios en los que la persona parece mirar al vacío por unos segundos y deja de responder a su entorno. No hay caídas, no hay convulsiones visibles, y al terminar el episodio el individuo retoma lo que estaba haciendo como si nada hubiera pasado. Esa discreción hace que el trastorno pase inadvertido durante mucho tiempo.
Según la Mayo Clinic y Johns Hopkins Medicine, la causa es una desorganización transitoria de la actividad eléctrica cerebral: las neuronas envían señales en desorden y la conciencia se interrumpe momentáneamente. Los episodios suelen durar menos de 15 segundos y no se extienden más allá de 15 minutos. En algunos casos existe un componente genético, y también pueden influir desequilibrios en los neurotransmisores o antecedentes familiares de convulsiones, aunque la causa exacta no siempre se identifica.
Los síntomas más reconocibles incluyen una mirada fija y vacía, chasquidos de labios, aleteo de párpados o pequeños movimientos automáticos con las manos. Durante el episodio, la persona no reacciona ante estímulos externos. Al recuperarse, no recuerda lo sucedido, lo que puede dificultar que ella misma advierta el problema.
El diagnóstico se realiza mediante un electroencefalograma (EEG), que registra la actividad eléctrica del cerebro y detecta los patrones propios de estas crisis. En algunos casos se suma una resonancia magnética para descartar otras causas, y análisis de sangre para evaluar factores asociados.
El tratamiento principal son los medicamentos anticonvulsivos. Cuando los fármacos no alcanzan, puede indicarse una dieta cetogénica o cambios en el estilo de vida: descanso adecuado, reducción del estrés y rutinas estables. Con el tratamiento correcto, el pronóstico es favorable. Muchas personas superan el trastorno en la adolescencia o en la adultez temprana, aunque el seguimiento médico es necesario para ajustar la medicación y controlar la evolución.
Quienes conviven con este trastorno pueden llevar una vida normal con algunos cuidados puntuales. Manejar u otras actividades que demanden atención sostenida requieren precauciones adicionales. El acompañamiento familiar, escolar y profesional forma parte del manejo cotidiano.
El futbolista Jamal Musiala explicó en una carta publicada en su cuenta de Instagram que le diagnosticaron este tipo de disfunción neurológica tras desmayarse en dos partidos en el lapso de tres días. "Lo importante es que no existe ningún riesgo adicional para mi salud", escribió, y agregó que continúa bajo supervisión de especialistas en neurología. Su testimonio puso en foco un trastorno que, aunque tratable, sigue siendo poco conocido fuera del ámbito médico.
¿Conocés a alguien que haya convivido con este tipo de episodios sin saberlo? Contanos en los comentarios.
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