Pediatras alertan sobre el acoso escolar que continúa en el celular y no da tregua
El bullying ya no tiene horario. Una agresión que comienza en el recreo puede seguir esa misma tarde en un grupo de WhatsApp, escalar en redes sociales durante la noche y volver con el chico al aula a la mañana siguiente. Esa continuidad entre el espacio físico y el digital es el eje del nuevo documento de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), elaborado por ocho de sus comités y subcomisiones especializadas.
"Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño", señaló la doctora Silvina Pedrouzo, pediatra especialista en Desarrollo Infantil y presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP.
Entre las formas del ciberbullying, la entidad enumera mensajes de odio, burlas, acecho, votaciones para humillar, perfiles falsos, suplantación de identidad, difusión no consentida de información privada, exclusión de grupos y manipulación de fotos, videos o memes. A ese listado suma un factor reciente: herramientas de inteligencia artificial que facilitan la edición y difusión de contenidos alterados, con la particularidad de que una publicación puede alcanzar audiencias mucho mayores que las del aula y resultar difícil de borrar.
El documento aclara que no toda pelea entre compañeros es bullying. El acoso escolar implica tres condiciones: intención de causar daño, repetición sistemática en el tiempo y un desequilibrio de poder que impide a quien lo sufre defenderse o ponerle fin. Puede ser físico, verbal o relacional.
"El bullying es un fenómeno grupal y por eso la solución tampoco puede descansar exclusivamente en ellos. Están los compañeros que observan, los adultos responsables, las familias y la institución en la que ocurre. Lo que nunca debemos hacer es pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema", explicó la doctora Ana Laura Tellechea, del Comité de Pediatría Social de la SAP.
Uno de los obstáculos más frecuentes para detectar el problema es el silencio. Una encuesta del Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires, difundida en noviembre de 2024 sobre 1.380 adolescentes de entre 12 y 18 años, encontró que ante la pregunta de con quién hablarían si fueran víctimas, el 24,4% respondió que con nadie.
La SAP advierte que las primeras señales pueden aparecer en el cuerpo: cansancio, dolores de cabeza, dolor abdominal o náuseas. En el acoso escolar, esos síntomas suelen manifestarse el domingo por la noche, al despertar o antes de entrar a la escuela. En casos más graves, el cuadro puede derivar en alteraciones del sueño, caída del rendimiento escolar, ansiedad, depresión o ideaciones de muerte.
¿Tu hijo o alguien cercano mostró alguna de estas señales y no sabías cómo abordarlo?
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