Cinco hábitos cotidianos para recuperarse del agotamiento laboral

El burnout combina fatiga física y emocional con alteraciones hormonales que afectan el sueño, el ánimo y la concentración. La nutricionista naturópata Jessica Shand, autora de The Hormone Balance Handbook, explicó que el estrés sostenido eleva el cortisol y desordena procesos básicos del organismo. Sus recomendaciones apuntan a la alimentación regular, las rutinas de sueño y el reconocimiento de los propios ciclos de energía, sin reemplazar la consulta médica ante síntomas persistentes.
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El agotamiento laboral no es solo cansancio. Según Jessica Shand, nutricionista naturópata y autora de The Hormone Balance Handbook, la exposición prolongada al estrés activa de forma sostenida la producción de cortisol, la hormona vinculada a la respuesta de alerta. Cuando esos niveles se mantienen elevados, el organismo prioriza los mecanismos de supervivencia y relega funciones como la digestión, el descanso reparador y el equilibrio reproductivo. El resultado puede manifestarse como cansancio continuo, dificultad para dormir, cambios de humor y la sensación de no recuperarse ni después de un descanso.

Frente a ese cuadro, Shand propone cinco medidas que pueden incorporarse a la rutina diaria. La primera es sostener una alimentación regular que combine proteínas completas, grasas saludables y carbohidratos complejos. Ese esquema previene las variaciones bruscas de glucosa que, durante períodos de fatiga, profundizan la irritabilidad y la falta de concentración. Saltear comidas o basar la dieta en ultraprocesados agrava la sensación de desgaste.

El segundo hábito es proteger la calidad del sueño. La nutricionista recomienda instalar una rutina previa a acostarse: un baño con sales de magnesio, una infusión sin cafeína o unos minutos de escritura funcionan como señales que separan las obligaciones del momento de descanso. La regularidad de los horarios puede ser tan importante como la cantidad de horas dormidas.

Como tercer recurso, Shand menciona plantas asociadas a la relajación, entre ellas la manzanilla, la lavanda, el toronjil y la pasiflora, que pueden integrarse a una rutina nocturna. En cuarto lugar ubica los adaptógenos, sustancias como la albahaca sagrada y la ashwagandha, empleadas para mejorar la tolerancia al estrés. En ambos casos advierte que no conviene iniciar el consumo sin consultar antes a un profesional, en especial si hay embarazo, lactancia, enfermedades preexistentes o tratamientos farmacológicos.

El quinto hábito consiste en reconocer los propios ciclos de energía. La especialista señala que la energía puede variar a lo largo del ciclo menstrual y sugiere reservar las tareas más demandantes para las fases de mayor vitalidad. Establecer límites, proteger el tiempo personal y aceptar la necesidad de pausa forman parte de una respuesta sostenida frente al desgaste. Si los síntomas interfieren de forma prolongada con el trabajo, el sueño o los vínculos personales, la recomendación es buscar acompañamiento médico o psicológico.

¿Alguno de estos hábitos ya forma parte de tu rutina, o hay alguno que te resulte difícil sostener?

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