Montañana: el pueblo medieval del Pirineo aragonés con veinte habitantes y siglos de historia intacta

En la provincia de Huesca, junto al río Noguera Ribagorzana, se asienta Montañana, una localidad de origen medieval que no supera los veinte habitantes. Sus calles empedradas, murallas defensivas e iglesias románicas forman un conjunto histórico protegido desde 2003 por decreto del Gobierno de Aragón. El otoño potencia el atractivo del lugar: la vegetación cambia de color y la luz suave de la estación acentúa la piedra centenaria. Una ruta senderista por los alrededores suma vistas panorámicas al recorrido por el casco histórico.
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Montañana se desarrolló a partir de finales del siglo XI alrededor de un castillo y una iglesia, en un punto estratégico de la comarca de la Ribagorza. El núcleo creció con la lógica defensiva de la época: calles estrechas, casas de piedra adosadas y murallas que cerraban el perímetro. Hoy esa trama se conserva prácticamente intacta.

Entre los edificios más relevantes está la iglesia de Nuestra Señora de Baldós, construida en el siglo XII y con una portada románica que incluye la representación del Pantocrátor. La ermita de San Juan, del siglo XIII, y el puente medieval que cruza el barranco homónimo completan el conjunto. Los restos del castillo de la Mora y tramos de las antiguas murallas dan cuenta de la función militar que tuvo el pueblo durante siglos.

El expediente para proteger el conjunto histórico se inició en 1984. La declaración formal como Bien de Interés Cultural llegó en 2003. Desde 1999, el Gobierno de Aragón ejecutó intervenciones de restauración en las murallas, la Torre de la Cárcel, los caminos y la iglesia principal, con el objetivo de preservar el trazado original de la villa.

La visita puede extenderse con una caminata por los alrededores. La ruta sube hasta un mirador natural desde el que se ve el pueblo completo, con las montañas como fondo. La posición de Montañana, encajada entre los barrancos de San Miguel y San Juan y el cauce del Noguera Ribagorzana, hace evidente la relación entre el relieve y la forma en que se asentó la población. En otoño, cuando el bosque cambia de color, el paisaje suma un contraste llamativo a la piedra gris del casco histórico.

El pueblo pertenece al municipio de Benabarre, en la provincia de Huesca, y se llega por carretera desde la comarca de la Ribagorza. La escala de habitantes (veinte, según los datos disponibles) no implica abandono: la restauración patrimonial sostuvo la estructura edilicia y el pueblo recibe visitas durante todo el año.

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