Pausas breves de movimiento mostraron beneficios inmediatos para la atención y la memoria
Una caminata corta por la oficina o unos estiramientos junto a la silla pueden servir para cortar una jornada de muchas horas sentado. En los ensayos reunidos por un equipo liderado por Yongming Li, algunas pausas duraron apenas dos minutos y se repitieron cada media hora o cada hora. Al retomar las tareas, los participantes mostraron mejoras pequeñas en distintas capacidades mentales.
La propuesta estudiada consiste en distribuir momentos de movimiento durante el tiempo sedentario. Las actividades evaluadas incluyeron caminar, practicar yoga, subir escaleras, pedalear en bicicleta fija y hacer ejercicios de resistencia. También hubo rutinas más intensas, como correr sin desplazarse o realizar saltos. El análisis se centró en períodos de ejercicio inferiores a diez minutos.
Para quienes trabajan sentados, la frecuencia de las interrupciones aportó otro dato: las pausas separadas por una hora mostraron una ventaja ligeramente mayor que las realizadas cada treinta minutos. La diferencia fue reducida. En las escuelas, Mark Hamer, investigador del University College London, destacó la posibilidad de incorporar movimientos sencillos antes de continuar una lección, sin equipamiento deportivo.
El respaldo proviene de 25 ensayos clínicos con 1.115 personas de entre 8 y 78 años. Los beneficios abarcaron la atención sostenida, la capacidad de cambiar de consigna y el control de respuestas impulsivas. También alcanzaron a la memoria de trabajo, que permite mantener información disponible y utilizarla mientras se resuelve una tarea.
La magnitud promedio de la mejora fue modesta: obtuvo un valor de 0,24 en la medida estadística utilizada por los investigadores, donde 0,2 indica un efecto pequeño. Los resultados fueron mayores cuando las rutinas se mantuvieron varias semanas y en ámbitos escolares o laborales. Hamer consideró razonables las conclusiones, aunque pidió cautela al interpretar un promedio que reúne edades y etapas cognitivas tan diferentes.
¿Por qué podría funcionar? Mike Trott, de la Universidad de Queensland, señaló como hipótesis la liberación de dopamina y noradrenalina, junto con un mayor flujo sanguíneo. Esos procesos participan en el estado de alerta y la atención. Según explicó, la acción inicial de ambas sustancias puede prolongarse más de una hora.
Estas interrupciones pueden complementar el ejercicio habitual, pero no sustituirlo. Su utilidad cotidiana está en ofrecer una oportunidad breve de movimiento entre actividades que exigen permanecer sentado. ¿En qué momento de tu jornada podrías incorporar una pausa?
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