Imágenes falsas con IA afectaron la salud emocional de alumnas de un colegio bonaerense
"Aunque sé que es falso, me dio vergüenza." Esa frase, dicha por una de las adolescentes afectadas, resume con precisión la paradoja central del fenómeno: la falsedad técnica de una imagen no neutraliza el daño emocional que provoca en quien aparece en ella.
El caso ocurrió en un colegio secundario de Lomas de Zamora, donde cuatro menores son investigados por la presunta producción y distribución de imágenes sexuales falsas generadas con inteligencia artificial a partir de fotografías de compañeras tomadas de redes sociales. La causa tramita como producción y distribución de material de abuso sexual infantil (MASI).
Las víctimas describieron sentimientos de asco, vergüenza y miedo ante la posibilidad de no saber adónde llegaron esas imágenes. Una de ellas relató que tardó en contarles a sus padres porque no quería que la vieran así, pese a saber que el material era manipulado. Otra expresó preocupación por el alcance de la circulación: "Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo."
Las fotografías originales se obtenían de perfiles públicos en redes sociales, lo que pone en evidencia un riesgo concreto del material que los adolescentes comparten en línea. Las imágenes manipuladas circulaban en grupos digitales, con indicios de que también se difundieron en plataformas de mensajería.
Las alumnas afectadas relataron que acudieron al colegio cuando descubrieron lo ocurrido, pero sintieron que la respuesta institucional fue tardía e insuficiente. Más adelante, las autoridades organizaron jornadas de diálogo y los menores investigados pasaron a modalidad virtual. La Justicia también ordenó el cese de hostigamiento y solicitó medidas para evitar el contacto entre las partes.
La situación derivó en una protesta organizada por las propias alumnas, que convocó a estudiantes de distintos cursos y a sus familias frente al establecimiento. Los videos de la manifestación se difundieron en redes y generaron testimonios de jóvenes de otros colegios que relataron haber vivido situaciones parecidas.
Para padres, docentes y equipos de orientación, el caso plantea preguntas concretas: qué hacer si un adolescente descubre que sus imágenes fueron manipuladas, cómo acompañarlo emocionalmente, y cuándo y cómo intervenir institucionalmente sin agravar el daño.
¿Cómo creés que deberían responder los colegios ante este tipo de situaciones para proteger la salud emocional de los estudiantes afectados?
Mejores Noticias
Justo Ahora