Qué es la terapia acuática y para qué cuadros de salud se indica

La hidroterapia es una modalidad de rehabilitación que se realiza en pileta con guía profesional. La flotación, la resistencia y la temperatura del agua modifican la forma en que el cuerpo ejecuta el movimiento, lo que permite trabajar fuerza, equilibrio y marcha en condiciones distintas a las de tierra. Se indica para lesiones articulares, dolor crónico, recuperación posquirúrgica y algunas condiciones neurológicas, siempre como complemento de un tratamiento médico.
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La terapia acuática es una forma de rehabilitación que se desarrolla en piletas de poca profundidad bajo la supervisión de fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales. No requiere saber nadar ni implica una rutina deportiva convencional: las sesiones se diseñan a partir de una evaluación individual y se adaptan al estado de salud, la condición física y los objetivos de cada persona.

El agua actúa como entorno terapéutico por cuatro propiedades: flotabilidad, resistencia, presión hidrostática y temperatura. La flotabilidad reduce el efecto de la gravedad sobre las articulaciones; con el agua a la altura de la cintura, una persona percibe que carga aproximadamente la mitad de su peso corporal. Esa condición facilita ejercicios que resultarían difíciles o dolorosos sobre una superficie firme.

La resistencia del agua, por su parte, permite trabajar la musculatura sin necesidad de pesas u otros equipos: el agua ofrece hasta 700 veces más resistencia que el aire. La presión hidrostática puede contribuir a reducir la hinchazón de tejidos blandos, y el agua tibia favorece la relajación muscular.

Una sesión puede combinar movimientos de movilidad articular, ejercicios de piernas y brazos, trabajo de equilibrio y práctica de marcha. La fisioterapeuta Jenea Smith, de la Universidad de Missouri, describió la modalidad como fisioterapia con el aporte de la ingravidez: señaló que el trabajo en pileta puede emplearse para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia ejercicios en tierra.

Entre los cuadros que pueden indicarla se encuentran la artritis, el dolor crónico, lesiones de rodilla, cadera, tobillo, cuello, hombro y zona lumbar, y procesos previos o posteriores a cirugías ortopédicas. También se menciona su uso en fibromialgia, hernias discales, estenosis espinal y osteoartritis. En condiciones neurológicas como la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple y el accidente cerebrovascular, el sostén del agua permite practicar coordinación y marcha con menor riesgo de caídas.

Los programas suelen organizarse en ciclos de dos a ocho sesiones, con el objetivo de que el proceso continúe luego fuera del agua. Los profesionales aclaran que la hidroterapia complementa los tratamientos médicos indicados y no reemplaza fármacos ni cura las patologías de base. Antes de comenzar, se recomienda una evaluación que considere los antecedentes clínicos, el dolor, la fuerza, el rango de movimiento y el equilibrio.

Entre los riesgos a tener en cuenta figuran las infecciones en heridas posquirúrgicas, los resbalones, las quemaduras por temperaturas extremas y las reacciones cutáneas. La consulta con el equipo tratante es el paso previo necesario para definir si la modalidad es adecuada en cada caso.

¿Consultaste alguna vez con un profesional de la salud sobre la terapia acuática, o conocés a alguien que la haya incorporado a su recuperación?

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