La masacre de Flores: cinco muertos, un sobreviviente y treinta años de amenazas

En la madrugada del 17 de febrero de 1994, Fructuoso Álvarez González roció con combustible el frente de un chalet de la calle Baldomero Fernández Moreno al 1900, en Flores, y le prendió fuego. Murieron cinco personas. El único sobreviviente, Matías Bagnato, creció bajo protección policial porque el condenado lo amenazaba de muerte. Fructuoso falleció en 2023 sin haber cumplido íntegra la condena a perpetua. Una miniserie de tres capítulos, producida por Juan José Campanella y dirigida por Augusto Tejada, reconstruye el caso con testimonios inéditos.
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La noche del 16 al 17 de febrero de 1994, un vecino vio desde la vereda cómo un hombre descendía de un auto deportivo, cargaba dos bidones de combustible y se acercaba a un chalet de dos plantas. Roció el frente, intentó volcar parte del líquido hacia el interior por una ventana del piso bajo e inició el fuego. Las llamas arrasaron la vivienda en minutos.

Dentro dormían seis personas. Cuatro murieron carbonizadas: José Bagnato (42 años), fabricante de calzado; su esposa, Alicia Plaza (40); y dos de sus hijos, Fernando (14) y Alejandro (9). También murió Nicolás Borda (11), un amigo de Alejandro que esa noche dormía allí por primera vez fuera de su casa.

El único sobreviviente fue Matías Bagnato, el hijo mayor, de 16 años. La habitación donde dormía no tenía rejas en la ventana y esa noche había cerrado la puerta que comunicaba su cuarto con el pasillo del piso alto, donde estaban los demás dormitorios. Esa barrera frenó el avance del fuego el tiempo suficiente para que pudiera escapar.

El autor del incendio fue identificado como Fructuoso Álvarez González, esposo de una prima de Alicia Plaza. Le reclamaba al matrimonio el cobro de una deuda. Fue condenado a prisión perpetua, pero la pena no detuvo las amenazas: durante años llamó a Matías para decirle que moriría quemado como el resto de su familia. En 2011 fue detenido nuevamente por esas intimidaciones. Murió en 2023 a los 63 años.

Matías Bagnato, hoy de 48 años, creció bajo protección permanente. Su abuela Norma, que la noche del crimen estaba de viaje en Mar del Plata, fue su principal sostén durante décadas. Ambos vivieron con escolta durante años.

El caso volvió a la agenda pública con el estreno de una miniserie documental de tres capítulos dirigida por Augusto Tejada y producida por Juan José Campanella. La serie incluye el testimonio del propio Matías, del vecino cuya declaración fue clave para la causa, y de personas que lo acompañaron durante su reconstrucción. La familia de Nicolás Borda, la quinta víctima, no aparece en la producción; siempre mantuvo un perfil muy bajo frente al caso.

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